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Kyrios 5in Fronteras: la historia detrás del traje

Hay historias que empiezan con una idea. La de Kyrios empezó con una necesidad, una familia y muchas ganas de encontrar una forma diferente de hacer las cosas.


Hoy Kyrios Suit cumple 5 años.

Cinco años de familias, terapeutas, aprendizajes, preguntas, prototipos, cambios y nuevos caminos.

Pero si queremos entender realmente qué significa este aniversario, tenemos que regresar mucho más atrás.

A una familia. A un padre. A un hijo. Y a una profesional que llevaba años buscando soluciones para hacer que la terapia pudiera trascender las paredes de un consultorio.

Esta es la historia que Claudia, fundadora de Kyrios Suit, recuerda al mirar hacia atrás.



Antes de Kyrios estaba la necesidad de encontrar soluciones


Mucho antes de diseñar el primer Kyrios Suit, Claudia ya estaba pensando en cómo ayudar a las personas a moverse mejor.

Durante sus años de trabajo en Colombia, una de las cosas que más disfrutaba era visitar las casas de sus pacientes.

Para ella, la terapia no podía terminar cuando el paciente salía del centro terapéutico.

Podía trabajar durante 30 o 45 minutos en consulta. Incluso podía acompañar procesos intensivos durante varias horas al día. Pero después quedaba una pregunta:


¿Qué pasa cuando la familia vuelve a casa?

Por eso Claudia comenzó a buscar soluciones dentro de la vida cotidiana.

Una barra paralela en casa.

Un punto de apoyo en el techo.

Una adaptación en una ventana.

Una reja que podía convertirse en un punto de suspensión.

Un triciclo que podía modificarse para que un niño pudiera utilizarlo mejor.

No siempre eran soluciones sofisticadas.

Muchas veces eran soluciones sencillas.

Pero tenían algo en común: tenían que funcionar en la vida real.

Y esa forma de pensar sería fundamental años después para construir Kyrios.


Una idea que nació papá


La historia también comienza con el papá de Claudia la CEO de Kyrios Suit.

Él tenía una discapacidad física como consecuencia de la poliomielitis. Caminaba con dificultad debido a la poca estabilidad de una de sus piernas y, con los años, desarrolló inestabilidad en la cadera y dolor.

Claudia comenzó entonces a pensar en un dispositivo que pudiera ayudarlo a tener mayor estabilidad. La idea quedó pausada después de su fallecimiento y cuando Claudia se trasladó a vivir al extranjero. Parecía un proyecto terminado.

Pero no lo estaba.

Años después, su hijo menor, Alejandro, necesitó apoyo terapéutico y contención.

Y entonces Claudia recordó aquel dispositivo que había pensado para su papá. La experiencia que había vivido con él.

Las ideas que había desarrollado durante años de práctica profesional.

Todo comenzó a conectarse.

Claudia tomó aquella experiencia y empezó a diseñar una nueva solución pensando en su hijo.


El primer prototipo de Kyrios nació de ese encuentro entre experiencia profesional, necesidad familiar y memoria.


Cuando una idea deja de ser solamente tuya


Una vez que tuvo el primer prototipo, Claudia pensó en algo más.

Si esta solución podía ayudar a Alejandro, quizá también podía ayudar a otros niños.

En ese momento ya se encontraba viviendo en Estados Unidos y continuaba acompañando de manera virtual a algunas familias con las que había trabajado durante años.

Les contó la idea.

La respuesta de algunas madres fue inmediata:

“Claudia, ¿y si lo probamos?”

Querían probarlo con sus hijos.

Así llegaron los primeros prototipos para otras familias.

Y fueron precisamente esas madres quienes la motivaron a pensar más allá.

Ya no se trataba solamente de una solución para su hijo.

Había una posibilidad de llevarla a muchas más familias.

Pero antes había algo que hacer.

Proteger la idea.


El momento de detenerse para poder avanzar


Claudia recuerda que su padre, quien había estudiado Derecho, siempre le había insistido en la importancia de proteger sus ideas. Después de consultar con una abogada, recibió una recomendación muy concreta: detenerse. No contarle la idea a nadie. Hacer el proceso paso a paso.

Investigar.

Revisar.

Proteger adecuadamente el proyecto.

Durante ese año Claudia tuvo que investigar el mercado, revisar diferentes soluciones terapéuticas y estudiar las opciones existentes. Descubrió que no había tantos productos similares como imaginaba y que algunos contaban con patentes internacionales.

Ese proceso terminó confirmando algo importante:


la idea que estaba desarrollando podía convertirse en una oportunidad para muchas familias.

Y aproximadamente un año y medio después de comenzar aquel proyecto, nació Kyrios.


Encontrar un nombre también era encontrar una identidad

Después vino otro reto. ¿Cómo contar todo aquello? ¿Cómo convertir tantas ideas en una marca? Claudia necesitaba una página web, redes sociales y una forma clara de comunicar lo que estaba construyendo. En ese proceso llegó Ricardo y comenzó un trabajo de marca que le permitió ordenar todas aquellas ideas que tenía en la cabeza.

Y apareció una pregunta aparentemente sencilla:


¿Cómo se va a llamar?

El nombre llegó desde su propia familia.

Kyrios.

Claudia investigó su significado y encontró aquello que estaba buscando. Para ella, el nombre tenía además un significado especial: en el contexto bíblico, se relaciona con “maestro”.

Un nombre que terminó conectando con dos personas fundamentales en esta historia:

su papá y su hijo.

Así comenzó a construirse no solamente un producto, sino una identidad.


La filosofía de Kyrios ya existía antes del traje

Quizás una de las partes más importantes de esta historia es que la filosofía de Kyrios no nació con el traje. Ya estaba presente en la manera en que Claudia trabajaba. Cuando visitaba las casas de sus pacientes, buscaba cómo llevar las oportunidades de movimiento a la vida cotidiana.

Recuerda, por ejemplo, el caso de una niña que tenía un gran balcón en su casa.

Claudia observó una reja y una ventana y pensó en cómo utilizar ese espacio para crear un sistema de suspensión.

En otro caso, necesitaba que una niña moviera más sus piernas y pudiera participar en actividades fuera de casa.

Entonces fue con su mamá a comprar un triciclo.

Después se sentó en el piso junto a quienes armaban bicicletas y comenzó a pensar cómo adaptar soportes para los pies, la espalda y los brazos.

No estaba buscando hacer algo complicado.

Estaba buscando hacer posible una actividad.

Ese pensamiento se repitió una y otra vez.

¿Cómo podemos adaptar esto?

¿Cómo podemos hacerlo más accesible?

¿Cómo puede participar el niño?

¿Cómo puede hacerlo la familia?


Ese es el origen de una filosofía que hoy define a Kyrios: buscar soluciones fáciles y funcionales para situaciones reales.


Fácil y Funcional se convirtió en una forma de pensar

Con el tiempo, “fácil y funcional” dejó de ser solamente el nombre de un programa.

Se convirtió en una filosofía.

Claudia cuenta que cuando aparece una dificultad dentro del equipo, una de las preguntas que suelen hacerse es:

¿Cómo podemos hacerlo fácil y que funcione?

No se trata de simplificar por simplificar.

Se trata de encontrar una solución que tenga sentido para quien realmente tiene que utilizarla.

Para una familia.

Para un cuidador.

Para un niño.

Para un terapeuta.

Para una situación cotidiana.

Esa idea está en el centro de lo que Kyrios busca construir hoy: una solución terapéutica que no termine en el producto, sino que integre también educación y acompañamiento.


Lo que viene

Llegar a cinco años también significa mirar hacia adelante. El objetivo no es hacer más por hacer más.

Es construir mejor.

Con más estructura.

Con más conocimiento.

Con mejores procesos.

Con una relación más cercana con las familias.

Y con una autoridad clínica y educativa que permita que Kyrios siga creciendo sin perder aquello que le dio origen. Porque si algo permanece intacto después de estos cinco años es la pregunta que Claudia se hacía al visitar las casas de sus pacientes:

¿Cómo podemos hacer que esto funcione en la vida real?

Esa pregunta sigue siendo parte de Kyrios.

Y quizá allí está la verdadera celebración de este aniversario.

No solamente en haber llegado hasta aquí.

Sino en saber por qué comenzamos.


Cinco años. Una historia. Un propósito que continúa.

Gracias a quienes estuvieron desde el principio.

A quienes probaron los primeros prototipos.

A quienes confiaron.

A quienes hicieron preguntas.

A quienes nos ayudaron a mejorar.

A los terapeutas que han compartido su conocimiento.

A las familias que nos han permitido acompañar una parte de sus historias.

Y al equipo que hoy hace posible que aquella idea siga creciendo.

Porque cinco años después, seguimos creyendo que una buena solución no solamente debe funcionar.

También debe poder integrarse a la vida.

Y esa historia apenas continúa.

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